Cartas del año 2.010

 

Indice cartas:

*Temàtico

* Cronológico

 

102 Carta y 102 bis Carta

102 Carta

Domingo, 4 de noviembre de 2.012

A ti, que te falta esperanza:

Amiga, a ti que dices que te falta fe, y yo digo que te falta esperanza.

Me dices:

“Padre Jesús, yo amo a Dios infinitamente, tengo fe y trato día a día de ser mejor, pero tengo tanta tristeza en mi alma, y temores, un día escuche a otro padre en su predica y decía: "EL QUE TIENE FE Y VIVE EN CRISTO,VA POR LA VIDA ALEGRE Y SIN TEMORES". Esto me hizo cuestionarme mi fe, es que entonces que mi fe no lo suficiente verdadera y por eso vivo con tanto pesar en mi alma. Pero Dios que puede ver todo lo que hay en mi sabe que lo amo, tengo miedo Padre Jesús, por favor le ruego que ore por mi tormento espiritual, y espero su consejo, bendición.”

Y yo te digo, ¡tienes fe!, sabes que la fe católica es la verdadera, ¡la única!; sabes que Dios te Ama tanto, ¡tanto!, que te quiere santa, porque así y sólo así, podéis estar unidos ya en este mundo imperfecto, donde algunas personas, por las circunstancias, te han hecho cogerle miedo a la vida; pero este miedo, no es por falta de fe, no hija mía, querida por Dios, sino que es por falta de esperanza; tienes poca esperanza en las personas, en la vida; es tu confianza la que te hace sufrir, esta falta de confianza en los demás, que se la han ganado a pulso; sabes bien que la gente no siempre actúa bien, y cuando actúa mal, entonces, ocurre esto que te pasa, que pierdes la confianza en los demás, que pierdes la esperanza, y no la fe; la fe la tienes intacta, incluso más y mejor es cada día tu fe, pero eres consciente de que los dolores que hay en el mundo, son, tantas veces, por las personas que no hacen lo que tendrían que hacer, que es amar a Dios sobre todas las cosas y personas. Amiga querida por Dios, acepta que tienes fe pero te falta esperanza. Es todo lo que tienes, alma consagrada, pero te comprendo y Dios te comprende, porque hay gente que se ha ocupado de hacerte perder la esperanza en ellos, y no la fe en Dios, porque tu fe es grande, como grande es tu corazón, lleno todo él del amor que sientes por Dios. Estate tranquila y ten paz, porque no pasa nada entre tu relación con Dios y tú, sino que, lógicamente, por circunstancias de la vida, has perdido la esperanza en que en esta vida puedas ser plenamente feliz; y esto, precisamente esto, ES LA FE, porque así es; en este mundo, no hay esperanza de dicha plena, de felicidad completa, sino que la fe enseña y dice que los bienaventurados son los que sufren aquí, como tú sufres, por tu fe. Ves, tú tienes fe, hija de Dios y de la Virgen María. ¡Claro que tienes fe!, tu mismo miedo testifica tu fe. ¡¡¡Tú tienes fe!!!

A veces no se entienden bien-bien las palabras de los santos sacerdotes, porque hablan pensando que los comprendéis, y dicen, sin querer, cosas que os pueden apartar de la fe. Yo te digo, alma bendita, que tienes fe, pero te falta esperanza en los acontecimientos de la vida, porque es que además, lo real, es vivir en la vida, vivir aquí y ahora; esta es la esperanza que no tienes, y no es lo mismo que la esperanza teologal, porque sé que en Dios sí que esperas, pero sabes que Dios deja a todos libres, que así es de fe, y muchos deciden utilizar su falta de fe yendo contra los que tienen fe, y algunos de estos, son incluso bautizados, y de ir a Misa; pero es que en este mundo, el demonio ataca a todos, y a muchos les falta tiempo de meditación, de reflexionar en lo que hacen, en lo que dicen, en lo que piensan. Tú, amiga mía y de Dios Hijo, el Cristo, que tanto te Ama, y lo sabes bien, ¡lo sé!, meditas, reflexionas, piensas; ¿y por qué crees que lo haces, bendita alma de Dios?, porque te han dañado; y el dolor experimentado, te hace preguntarte el porqué hacen esto contigo; y así empezaste a pensar, a meditar, porque todo es bueno para la fe.

Sé que me has comprendido y que se ha ido de ti la tristeza, porque es cierto, es verdad, tú tienes fe, esperanza y caridad. Sólo te falta esta esperanza en los demás, que es tenerles confianza; y no puedes, porque sabes que no siempre hacen todos el bien y lo bueno. ¡Tranquila!, sólo es esto; nada más que esto; por lo demás, vas bien, sé que eres una mujer de gran fe, esperanza y caridad. Confía en Dios y sufre por los que, no confiando en Él, van a la suya y hacen daño a tantos, por su falta de fe, por su desesperación de arreglar sus propios problemas; compréndelos, ellos no tienen tu fe, aunque algunos digan y parezca que la viven; la fe es amar a Dios sobre todas las cosas y personas y hacer el bien, siempre el bien A TODOS, sin preocuparte de que los malos tengan tu bien, es más, ¡mejor para ellos recibir tu bien que tu mal, ¿no?!, sí.

Y os dije en la carta anterior, que os hablaría hoy sobre el poder de la Ley, pero lo hablaré el domingo que viene; ya que sé que muchos pensáis como esta buena amiga que me ha escrito y a la que le he contestado en esta carta de hoy, sí, sé que muchos pensáis que no tenéis fe porque os falla, con causa, el tener esperanza en los demás, el tener confianza con algunos que os dan su mal en vez de su bien, como vosotros hacéis y debéis seguir haciendo. ¡Nada de venganzas!, ¿para qué?, para que otros se venguen de vosotros y esas venganzas que hacéis para vengaros de los que os dañan; y quizás lo hacen por alguna venganza contra vosotros, sobre algo que quizás no hicísteis adrede, que a lo mejor no recordáis… Te deseo a ti y a todos, PAZ, la paz de Dios; y Jesús no estuvo pendiente de estas cosas, sino que estuvo pendiente siempre de obedecer a Dios. Y es a Cristo a quien seguís, es en Cristo en quien tenéis fe; y Él, Cristo, ya te llama amigo, y te cuenta como a un servidor de la fe, que es vivir amando a Dios sobre todas las cosas y personas, sobre tu fe.

A ti que dudas de tu fe, te digo que tienes fe, sólo te pasa que te falta esperanza en los demás, mejor dicho, te falta confianza en los demás; no te fías de que obren bien y haciendo el bien siempre, y te duele y sufres y tienes miedo; ¡normal!; sólo es esto, y no tiene nada que ver con Dios; lo que tiene que ver con Dios, es tu fe; y tú crees en Dios, tienes fe, sabes que puede ayudarte en todo; y fíjate, te ayuda dejando que los demás sean como quieren ser, y siendo así te dañen, y tengas tú que pensar en el sentido de la vida, y viendo que no siempre hacen el bien y lo bueno, te unas más a Dios. ¡Esto es fantástico!, ¿ves? 

Ay amigo-a, a ti que me lees, te lo digo, te conozco bien; tienes fe, mucha fe, pero los problemas de la vida, esa lucha constante para no caer, para no pecar y perdonar a los que caen y pecan, te hace pensar que no tienes fe. Pero, te lo digo una vez más, TIENES FE, pero eres realista, lo sé. Y hay que ser realistas y a la vez tener fe. Se puede. Se sufre, pero ya los que siguen a Jesús, saben que tienen que cargar con su cruz y con la alegría interior de saber que tienen fe, esa fe que les hace ser buenos y mejores, que les dice que Jesús es Dios, y lo imitan y creen en su salvación, y esperan ir al Cielo; esos son santos, tú eres santo, por la gracia de Dios y en las condiciones humanas de imperfección, porque Dios hace y hará de ti, y contigo, una persona santa. Vive, tienes vida por delante, tienes tiempo y ganas de demostrarle a Dios cuánto lo amas; y lo haces, protegiéndote de los que quieren dañarte, y dándoles a ellos y a todos el bien, todo el bien que puedes hacer, y puedes mucho, porque Dios está contigo por tu fe, por recibirlo con los sacramentos.

Ánimo, vas bien, vas bien… sigue, sigue.

Con afecto sincero

P. Jesús

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Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ,  aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.

102 bis Carta

Domingo, 4 de noviembre de 2.012

A ti, que sufres mucho por la droga que otros consumen:

“Estimado Padre, me consuela con su carta que los problemas son nuestros enemigos, me siento terriblemente triste, mi matrimonio está siendo destruido por la adicción de mi esposo, él ya no es el mismo, he luchado mucho por mantener a flote mi hogar, pero ya él está muy mal, su mente ya no tiene un adecuado razonamiento, y de verdad le tengo miedo, se fue por dos meses, y le pedí que regresara a casa y como se sentía enfermo regreso, mi director espiritual un sacerdote muy santo y sabio me reprendió por mi debilidad de regresar con mi esposo, sin que el cumpliera las condiciones de tratarse de verdad la adicción a la cocaína, pero creo que ya es tarde, ya su salud está muy mal, y principalmente su salud mental, quizá no alcance a leer esta carta, pero le pido sus oraciones por mi propia paz, y por mi hogar, este 16 de octubre cumplimos 30 años de casados, y la pasamos junto, teniendo la esperanza de que todo mejoraría, se que Dios nunca me dejara, en el confió, pero estoy triste, espero en su misericordia, y oro con toda mi alma por la salvación de su alma, pues yo le amo mucho, y pensé que envejeceríamos juntos, ojala sea así, gracias por sus cartas.”

Amada en Cristo, te comprendo, comprendo tu bondad y la necesidad de ayudar a tu esposo, porque el sacramento matrimonial os unió, y tú lo sabes bien y lo tienes presente; eres un alma grande en tu necesidad de perfeccionar tu vida, de vivir tu ideal. Te digo y te diré siempre, que Dios es Dios y todo lo puede, y Él necesita de personas como tú, que sufren por los demás y por ti misma también, porque sabes bien que el matrimonio es ayuda mutua. Comprendo también que el sacerdote tenga miedo por ti, porque personas como tu esposo, que se drogan y pierden el sentido humano, por la droga, son peligrosas; rezo por ti, hija buena, para que Dios te proteja de todo mal y puedas hacer todo el bien que sé que puedes. Yo tengo confianza en ti, sé que puedes, con la ayuda de Dios y de la Santísima Virgen María, sacar lo mejor de ti para darlo a quien tanto te hace sufrir. ¿Quién dijo que era fácil la vida? Haz una novena a la Virgen Dolorosa, para que tu esposo quiera y se deje ayudar en su enfermedad por culpa de la adicción a la cocaína. La Virgen te ayudará, ya lo verás. Ayudar a tu esposo, no es que viva contigo, sino el que lo atiendas, principalmente espiritualmente, y eso puedes hacerlo rezando mucho por él, acudiendo a la Santa Misa diaria, para que tu comunión con Dios te haga fuerte en tus necesidades de atender a tu esposo. Ten tu interés y deseo ferviente en tus oraciones y acciones y palabras, de que tu esposo acuda a un centro especializado para recuperarse. Pon todas tus ganas en esto, porque ahora necesita, más que nada, de la ayuda de profesionales para sacarlo de esta gran adicción que padece; lo que más necesita tu esposo, más que de ti, necesita de la ayuda y la asistencia médica. Que en estos momentos, todo tu interés sea conseguir esto; y con la ayuda de Dios, lo podrás conseguir, porque Dios quiere ayudar a todos, como siempre lo hizo en este mundo; cuando estuvo aquí, a todos sanó, sea a los que iban a Él personalmente, sea a los que otros pedían por otros. Ten fe y no pierdas de vista lo más importante en estos momentos, que es el que él se cure, se ponga en tratamiento.

Yo te bendigo en nombre de Cristo.

Ten fe en la Virgen de los Dolores.
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Con afecto sincero

P. Jesús

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