Cartas del año 2.010

 

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121 Carta

Domingo, 21 de septiembre de 2.014

A ti, que te cuesta vivir entre enemigos:

Te lo dije, hijo mío, hija mía, en mi última carta, te dije lo siguiente:

“Si te cuesta vivir entre enemigos, ¡y cuesta mucho!, porque todos necesitamos afecto, aprecio, y dejar de oír quejas, insultos, manipulación de la información que dan de nosotros, entonces, haz como Dios, y ¡vete!, porque la paz no está en este lugar, y no podrás vivir tranquilo hasta que halles un lugar donde no te alcancen los enemigos. La semana que viene te diré dónde está este lugar, y cómo se va.”

Fíjate en la fecha que te escribo, y verás claramente que de mi última carta ha pasado casi un año, ¡un año!, y ¿qué podemos ver en este suceso?, que el tiempo es importante para los que quieren hallar la paz, y a veces, tantas, sólo el tiempo es el que puede hacer realidad este deseo de vivir en paz, este deseo de tener un buen ambiente donde exista el respeto y la felicidad, donde uno puede vivir tranquilo.

Aprender a esperar, callando, en silencio, aguantando, resistiendo, y esperando nuevos acontecimientos, sin dar nunca mal por mal, y sí, a veces, tantas, ocurre, pasa que las cosas se solucionan, porque la oración y una actitud cristiana hacia la vida y los problemas, hacen que “no se sabe cómo”, pero las cosas se han arreglado, los desacuerdos anteriores ahora son regidos por el consenso, por una ordenada vida cristiana, por unos ánimos calmados, tranquilos, llenos de paz y caridad.

¡La fe!, la fe, amigo mío, puede hacer que este que no pensaba como tú y te lo echaba en cara, deje su bando y se una al tuyo; y ¿cómo ha sido esto, si tú has callado y sólo te has protegido mediante tu silencio?, llegando tu sufrimiento a altos niveles, pero sin permitir jamás que la paz abandonase tu hablar, tu discernimiento, apoyando tu causa.

Los enemigos, algunos, dejan de serlo con el tiempo, porque otros enemigos suyos, les dan su mal, el mal que tiene todo aquel que no deja a cada quien ser como es, sino que le invade el pensamiento con frases muy bien montadas, engaños a la carta, con palabras que debilitan a los débiles. Eso es lo que pasa con dejar pasar el tiempo, que algunos enemigos, por sus propios enemigos, se dan cuenta que no debieron decirte a ti lo que te dijeron.

La solución es el tiempo.

El lugar es el silencio y una vida de gran caridad, aguantando todos los sufrimientos, y esperar, sí, esperar, orando y confiando en Aquel que es Amigo Fiel: Dios Uno y Trino.

Con afecto sincero

P. Jesús

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El P. Jesús no podrá contactarte, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por tu persona y tus intenciones. EXPLICACIÓN.


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