Cartas del año 2.010

 

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21 Carta

Domingo, 31 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, tú que vas a pasar a Mejor Vida.

Ahí, vencido-a derrumbado-a por tus dolores, por esos pecados que, como enfermedades, te llevan a sufrir en esta tierra, donde debes aprender a amar como Dios Ama. ¡Mírate a ti mismo! Escudriña tu corazón antes de que llegues a la presencia de Dios, Jesús, en tu juicio, porque serás juzgado por tus obras, palabras, pensamientos y por lo que deberías haber hecho y no has hecho. Y, ¿por qué no lo has hecho; mi querido hijo, hija, amado-a de Dios? Te lo diré… Te doy a conocer a tu enemigo: Satanás, el instigador del mal, de todo mal que hay en el mundo. Satanás, como un virus maligno, vive en la madre tierra y quiere contaminar a los hombres, a las personas que, como tú y yo vivimos en este mundo para aprender del Amor; de Dios. Y, ¿qué hacen los virus? Sin verlos, sin saber de ellos, entran en ti y te enferman. Por ellos, dejas de estar sano; por el virus del Diablo dejas tu santidad, a la que estás destinado desde el principio de los tiempos. Y si te unes en amistad, en sociedad o en casamiento, a alguien que está contaminado, te vas a contaminar también; porque en la sociedad está Dios, ya que donde están dos que rezan a Dios, que piden a Dios, Dios les concede su petición; pero si uno pide a Dios, y el otro, aun creyendo pedir a Dios, por no tener buena salud moral-espiritual, pide a Satanás: ¿a quién llegará la petición? ¿A Dios?, ¿al Diablo? Sí, llega a los dos, y es cuando no hay paz en uno mismo, en una casa, en una asociación o amistad, porque uno pide a Dios y el otro a Satanás. Pero no por pedir a los dos, los dos son dioses, no. Sólo hay un Dios, el Creador, el Salvador, el Redentor. El que es Dios, demuestra que lo es dando el bien, porque para dar el mal y ser malo, no se necesita ser dios. Es lo más fácil del mundo dañar a los demás y a uno mismo, lo difícil es hacer el bien SIEMPRE, por eso bien lo leemos en la Sagrada Biblia: “Sólo hay uno de bueno, y este es Dios”.

Dios se probó a sí mismo, viniendo al mundo a vivir como hombre, e igual que otro hombre fue tentado, pero no cayó JAMÁS a la más mínima tentación de Satanás. Dios se expuso a ser tentado por Satanás, para dar a conocer que la tentación no venía de Él, porque si Dios tentara, podría Jesús caer en la tentación, pero Dios no tienta jamás, ¡jamás!

Sé que alguno se hace un lío con esto de la tentación, de si la quiere Dios, de si la permite Dios, de si nos la pone Dios. Y te diré mi querido muchacho-a, que Dios no tienta, Dios sabe quién eres, porque saliste de Él en el momento en que tus padres te procrearon, en ese mismo instante Dios te creó, usando las óptimas condiciones naturales que son necesarias para ser creada una persona. Dios, con todo su Amor, con todo el Amor con que te Ama, te depositó dentro de las esencias masculina y femenina que se fusionaron en la engendración de tu cuerpo. En el mismo instante que fue, fuiste dado por Dios a la vida, para vivir y llegar a tu perfección, que es la santidad.

Hagamos un aparte y miremos la historia; nadie vive más de 120 años; todos van muriendo, sí o sí, así que te va a tocar morir, pero, ¡no te desesperes! Déjame abrazarte fuerte e infundirte mi fe en tu corazón, déjame decirte que sí, que existe esta nueva y MARAVILLOSA vida, la vida del hombre después del “parto” de la muerte. ¡No temas a la muerte! Del mismo modo que llegar al mundo es cosa de Dios, morir es cosa de Dios, y Dios no te va a dejar morir si no es necesario para ti. Cuando uno muere, es que es necesario que muera, por las razones que sólo Dios sabe; y créetelo también esto que voy a decirte: Dios va a ayudarte a bien morir. No todo es lo que se ve en el enfermo, no todo son las palabras que dice, que muchos no saben lo que dicen, que a muchos el dolor les hace decir cosas que luego, frente a Dios, le dicen otras, y a veces muy distintas de las que has oído tú. Tú, ¡cumple con tu deber!, y da fe, ayuda a la fe del moribundo, consuela su amargura, su dolor, su miedo, ¡su pánico!, y dale siempre esperanzas de que Dios le Ama, sea quien sea y sea como sea, y sea lo que sea que haya hecho en su vida. Indúcelo con tu fe, que es optimista, a confiar en la Divina Misericordia. Y, ¡no dudes tú! ¡No juzgues tú! ¡Tú cree que esta persona va a salvarse por los méritos de Cristo, no por él mismo, ella misma, sino por los méritos de Cristo que ganó a toda tentación, y jamás el virus del mal entró en su corazón, sino que una y otra vez fue rechazado por el Sumo Bien que es Él, Dios, Jesús.

Volvamos al momento de la muerte. ¡No temas a la muerte!, ya te dije que te ayudaría en todo, ¡en todo! Así, que ten el optimismo de la fe, porque Dios no quiere hacerte pagar nada; de ser así, ¿para qué se hubiera entregado Él mismo como víctima por ti, por todos? Sí, también por ti que has abortado, que has practicado la homosexualidad, que has fornicado, hecho adulterio, robado, calumniado, maldecido, hecho hechizos, obligado a otros a hacer el mal. Seas quien seas, hayas hecho lo que hayas hecho, pon atención: Dios te Ama. Y te ama porque te dio la vida. Él, y no Satanás, te dio la vida. Él, con tus padres, te dio la vida. A ver… sé que estás asustado, asustada… A ver…, vamos a ver… Tranquilízate, respira hondo y deja que, mientras lo haces, rece por ti… … … … … … … … … ¿Estás mejor? No tengas miedo a la muerte, ¿Qué te parecería si te dijera que un feto tiene miedo a vivir? ¿Verdad que no tiene motivos? A la que sale del vientre de su madre, lo esperan para amarlo, para cuidarlo, para besarlo, para ayudarlo en todo, y no está sólo, ¡al contrarío!, en el vientre de la madre no podía sentir sus abrazos, aunque sentía su amor y oía su voz. Lo mismo que después de nacer y viviendo en la madre tierra, tú, ese que antes estuviste nueve meses en el vientre, de tu madre, y ni te acuerdas, ocurrirá lo mismo; en el Cielo no recordarás cómo formaste tu carácter, cómo venciste al mal, como tampoco, al vivir en la madre tierra, recuerdas cómo se fueron formando tus huesos y todo tu cuerpo, tan necesario para vivir en el mundo y poder con tu cuerpo adquirir tu bondad en el amor. Y en el mundo oyes la voz de Dios, por la Revelación que está escrita en la Sagrada Biblia, y te alimentas de la madre tierra, como antes te alimentaste de la matriz, y oyes, a través de la Gracia del Espíritu Santo, oyes como Dios te habla a ti, precisamente a ti. Y tienes a tu ángel de la guarda, que te hace favores, si se lo pides, y lucha contra el demonio, porque son ambos de la misma especie: ángeles. ¡No estás solo, no estás sola! Dios lo tiene todo tan bien planeado, que basta un sí flojito, un sí en pensamiento, un intentar conectarte con Él, para recibir su ayuda, PARA QUE TE SALVES.

Salvarse no es ir directo al Cielo en el mismo instante de morir, pero es SALVARSE. Otro día te explicaré más de la vida después de la muerte, pero, ay, hijo, hija, ¡cuánto te Ama Dios! Y quiero decírtelo, deseo decírtelo, ansío decírtelo, ¡déjame decírtelo!  

¡Yo lo sé! Soy sacerdote católico y lo sé. Lo sé todo, ¡todo! Porque toda la Verdad de Dios está depositada en la Santa Madre Iglesia Católica, Apostólica y Romana, que si quieres te adopta, te hace hijo suyo y te enseña. Te da la Vida Sobrenatural con los sacramentos, que sólo Ella, la Santa Madre Iglesia Católica, tiene y sostiene. Dejando aparte tantos malos católicos como hay, pero debemos ayudarlos; hay que ayudarlos, porque el “virus” del mal entró en ellos, pobrecitos míos, tan débiles, tan faltos de amor, y por eso se dejaron vencer, porque les falta el calor de una Madre: María, la Madre de Dios y de cada uno de los que quieran. ¿Tú quieres tener una Madre buena, hijo, hija? Pues, déjate querer, déjate amar y cuidar por la Virgen María, la mujer perfecta, la Plena de Gracia; la nueva Eva, la verdadera Madre de la generación de Dios.

Ay, cuanto me alargo al escribirte, y pobrecitos los que forman el Staff de CatholicosOnline; me tienen tanta paciencia, han apostado por mí, para dejarme venir a vosotros; yo los quiero tanto, tanto como a vosotros.

Prosigo. Estábamos tú y yo, unidos en comprender la vida y la muerte, para que ayudes a bien morir a otros, que siempre tendrás que pasar un día u otro por la muerte de tus seres queridos, es lo natural, pero es que si no mueren, no pueden NACER A LA VIDA MARAVILLOSA DEL PARAISO PERDIDO, DONDE NUNCA MÁS VAN A MORIR Y TODOS IRÁN LLEGANDO ALLÍ. TÚ TAMBIÉN.

Contagia tu fe al moribundo, al que sufre, al que vive con miedo a la muerte. Al que aún no ha comprendido el proceso de la vida, al que necesita del Sacramento de la Unción de los Enfermos. No es nada espectacular, son unas oraciones y el uso del óleo. ¡No da miedo! Y da TANTA PAZ. Cura muchas veces el cuerpo, y siempre cura al alma. No quieras que el que sufre se sienta mal, pide a un sacerdote que lo visite y le proponga confesarse y recibir el Sacramento de la Unción de los Enfermos; es para los enfermos, precisamente para ellos, para curarles, para ayudarles a vivir la enfermedad. La Santa Madre Iglesia Católica nos ama, como Dios la Ama a Ella. Y Dios actúa con Ella, contigo hijo, hija. ¡Créetelo! ¡Tú eres Iglesia! No me seas tacaño con los dones que tenemos por ser católicos. Dios siempre ha estado pendiente de todo y todos.

El antivirus es Cristo. Tu antivirus contra el maligno es Cristo. La próxima semana, éste será el tema principal de mi carta para ti, querido, amado católico, como yo.

Diles a todos que sí, que se puede confiar en los dones y gracias que tiene la Santa Iglesia Católica, y que los usen, que no son de rebajas, sino que son GRATIS. Cien por cien válidos, y ¡funcionan!

Hijo, hija, que tu fe te lleve a dar ALEGRÍA a los demás. Y que, aunque estén a punto de morir, les cuentas o les pasas mis cartas, o se las lees, para que confíen en un sacerdote que sé la Verdad, que vivo la Fe y doy Esperanza con Caridad.

¡Que tengas muchas ganas de vivir, y fe en la Vida Eterna, que es un lugar maravilloso que te espera, también a ti, sí!

Allí sí que nos vamos a abrazar de verdad, ¡ya lo creo! Te quiero tanto, cada día más.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ,  aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.


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