Cartas del año 2.010

 

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31 Carta

Domingo, 9 de enero de 2.011

A ti, que eres sacerdote:

Hijo, eres sacerdote y dudas de tu ministerio. ¡Lo sé!

No, no te has equivocado; ser sacerdote fiel y bueno, te llevará al Cielo ¡Lo sé!

Hay personas expertas en sembrar dudas, y otras en sembrar el mal. Y tú eres sacerdote por propia voluntad, y al igual que los que se casan recibiendo el sacramento del matrimonio, ¡es para toda la vida! Y, ¡se puede!, se puede vivir la fidelidad. ¿Cómo? Pues sé que te han dicho que por la oración y los sacramentos, y… ¡eso es verdad! pero, al igual que a los casados, te digo que buena parte del éxito es la voluntad y el apartarse de las ocasiones de pecar. ¿Lo haces?...

Otra cosa más… Imita a Jesús, estudia a Jesús, enamórate de Dios, de Jesús. Enamorarse es aprender todo del otro, es conocerlo como a la palma de tu mano, pero… me pienso que no conoces tú, tu mano. Si es una mano que no pesa, que está vacía, que no te molesta por el dolor de ayudar a los demás, de sembrar paz donde hay contiendas, entonces… no te conoces, ni conoces a Dios, porque tu capacidad de apreciación está puesta en otros; ¿quizás en uno que no da buen ejemplo, aun y siendo sacerdote?... Sí, me temo que es esto lo que te pasa. Que no miras a Jesús, el Sumo Sacerdote, el que llevó una pesada Cruz.

Tú estás preparado, por tu vocación y por el mismo sacramento sacerdotal, a ser un apóstol, a ser un santo, a ser testimonio, y no seguidor de otros. Quizás tu carisma no es de los espectaculares, pero no es que los sacerdotes, digamos “espectaculares”, sean mejores, ¡son como son! Lo que quiere Dios de ti, es que cuides de su rebaño; y, ¿qué tal te va? ¿Estás ayudando a muchos en la fe?... … … ¡Por Dios! No me vengas con esas de que tienes mucho trabajo estudiando. Sí, está bien que estudies, pero ¿para quién estudias?, ¿para ti o para propagar la fe? Si eres un sacerdote diocesano, como lo fueron los doce Apóstoles, entonces, eres un sacerdote para el pueblo y te debes a ellos, a cada uno de tus feligreses. Sé que te gustaría que te siguieran en exclusiva, que, para ellos, fueras no sólo el cura de la parroquia, sino también como un fundador, esos que “tienen tanto gancho”, y los siguen y no se sienten solos como tú te sientes, ante tu Obispo, que él, como tú también vive su cruz, y es criticado y es analizado, y pocos le dan el visto bueno. A los que tienen grupos, tienen sus adeptos y se sienten como más sacerdotes, por el hecho de que unas almas los sigan. Pero te digo, que la gran mayoría los sigue, pero pocos hacen lo que el sacerdote les pide: santidad. Tú eres un sacerdote de los que Dios tanto Ama, que Dios Ama a todos, ¡ya sabes!, pero a ti de una manera especial, y debes unirte a la Divina Providencia, y verlo todo providencial y empezar a actuar como eres: SACERDOTE, que quiere decir, según el diccionario, que:

2. En el cristianismo, religioso ordenado para celebrar y oficiar el rito de la Misa;
los sacerdotes católicos hacen voto de castidad. 

Esto dice de nosotros la sociedad, y tienen razón, los sacerdotes estamos para oficiar el rito de la Santa Misa, que es el recordatorio de la misma muerte y muerte en Cruz de Jesús, el Sumo Sacerdote. Y, te pregunto, ¿Qué tal te va oficiando la Santa Misa? ¿Tienes voluntad en ello, en que el Pueblo de Dios tenga su Eucaristía?

Recibimos a Jesús cuando ha vuelto a revivir su Pasión y Muerte, y se hace presente en la Sagrada Hostia Consagrada. No se recibe a Dios cuando estaba predicando, o cuando eligió a sus apóstoles, sino precisamente cuando acabada de dar su vida por ti, por todos. En el mismo momento de morir, Jesús se hace presente en la Sagrada Hostia, es Eucaristía. Se entrega al mundo cuando muere, y es el Sumo Sacerdote. Sacerdote por darse con su muerte, en su muerte, donde se entrega todo Él, renunciando a todo por ti. Y tú, sacerdote, ¿a qué renuncias por el Pueblo de Dios, por los bautizados y los que serán bautizados? Dime…

Por eso dudas, hijo, dudas porque no te entregas hasta la muerte, como hizo Jesús, Dios.

Dejarás de dudar cuando pienses más en entregarte, en servir a las almas, que en ser servido y aplaudido.

Házme caso, hijo mío, hijo de Dios, sacerdote amigo, y pónte a servir de día y de noche; sé consciente de lo que eres, sacerdote; un hombre entregado a la Verdad, a propagar la fe del Evangelio, a vivir la caridad, a conocerte como a la palma de tu mano, que te pesa de tanto como estás haciendo cada día POR LOS DEMÁS. ¡Ojo! Que muchos hacen, y algunos sólo lo hacen para si mismos; y Dios, Cristo, al que vienes a propagar, Ese se dio para los demás. No busque en Él maldad, porque todo lo hizo bien. Lo mismo ocurre con los sacerdotes santos, ¡que se notan a la legua!, porque viven la Misa, hacen la Misa y se unen a la Eucaristía en los momentos previos a ella, como si fueran, y son, otros Cristos en esos momentos, cuando las palabras se hacen obras y la fe es un hecho: la Sagrada Hostia Consagrada, Dios vivo, por ti, ¡por ti, sacerdote!, ¡¡por ti, sacerdote!!, sí, sí, sí, por ti, que sin ti, Dios no vive. ¡Eres grande! Eres algo grande, mi querido amigo, mi buen amigo, mi valioso amigo, porque por ti, por el sacerdote, el Reino de Dios está cerca; Dios reina en el mundo, porque va a cada uno que lo recibe en la Eucaristía, y lo recibe, viviendo en Gracia de Dios; y Dios, Jesús, ¡Cristo!, se va con él, y con cada uno de estos, ¡contigo que me lees!; va y ama a los que tu amas, y sirve a los que tu sirves, y habla con palabras de afecto y reconciliación, de perdón y vida; y si cada uno fuera capaz de entender esto, y ponerlo en práctica, el Reino de Dios estaría vivo en este mundo; pero muchos comulgan mal, muchos aman mal a Dios, empezando por algunos sacerdotes que dudan; dudan de dar vida a Dios en la misma Eucaristía, y el mundo se está quedando sin las obras de Dios contigo; por eso el mundo va como va, porque los católicos no tienen sacerdotes que no duden de la fe.

La Virgen María, y los Ángeles de la Guarda, están propagando el Evangelio, porque algunos sacerdotes están aún con dudas sobre el Magisterio de la Santa Madre Iglesia; por eso, gracias a la intercesión de María, Jesús sigue vivo en la Eucaristía, porque su “Sí”, es un sí ETERNO, el sí que cierra las puertas del Infierno por la fe en la Mujer Virgen, Esclava de Dios, que no dudó, que creyó, como creen tantos miles de buenos sacerdotes en todo el mundo, que no hacen cosas “espectaculares”, llevando a cabo lo más espectacular del mundo, que es DAR A DIOS A LOS FIELES. ¿Hay cosa más importante en este mundo? ¡No!

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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