Cartas del año 2.010

 

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84 Carta

Domingo, 1 de abril de 2.012

A ti, que te sentenciaron al fracaso:

Nadie que sea persona, fracasa porque si aprende a formar su carácter, TRIUNFA, porque es el carácter lo que entregamos a los demás, la manera en que hacemos las cosas, esas cosas que muchos pueden también hacer, pero nosotros las hacemos de una manera especial y única, ¡la nuestra!

Esperar el triunfo ante los demás, el querer sobresalir a otros y que te aplaudan como el mejor, eso no es triunfar, es reconocimiento, que no es malo, pero tampoco es necesario para tener una vida plena de cualidades y repleta de virtudes. Muchos que han triunfado son seres anónimos, desconocidos para la gran mayoría pero tuvieron el privilegio de empeñarse en sí mismos de acceder a realizarse como personas, como seres humanos que tienen, cada uno, el amor de Dios en pleno para cada quien. Sí, también para ti, ¡sí!

No necesitas del aplauso de nadie, y ¡malo. si lo necesitases!

A ti sólo te hace falta una cosa: conocer, amar y servir a Dios, que todo es una sola cosa que contiene las tres, porque conocer a Dios entraña el amarlo, y amarlo hace que lo quieras servir, es más, ¡que lo sirvas!, sin darte cuenta siquiera, pero lo haces, todas las cosas las programas para agradarle, para que sea feliz de verte, de escucharte, de sentirte.

El que ama a Dios sobre todas las cosas, jamás es un fracasado, ¡jamás!, porque Dios le da, le entrega, vía Divina Providencia, tantas cosas maravillosas, que se siente un consentido, porque hay cosas que no se pueden explicar, que uno las sabe y las valora, y no necesita ir dándolas a conocer a los demás, porque tener una buena relación con Dios es cosa de dos, de ti y de Dios.

Todo el mundo, alguna vez en su vida, se sentirá fracasado, se lo digan o no, y a veces puede ser culpa suya el que se sienta así, porque quizás ha puesto sus esperanzas en algo o alguien distinto a Dios. Y entonces llega el desengaño, y uno realmente fracasa.

Hay santos que se sintieron fracasados en su vida espiritual, o en sus obras de servicio a los demás, ¡es normal que ocurra esto a todos!, pero ellos lo aceptaron y buscaron de Dios lo que quería de ellos a partir de ese fracaso, porque a veces el fracaso es permitido por Dios para que se haga un giro en la vida de uno, porque quizás Dios tiene otros planes para ti, ¡sí!, quizás sí, quizás Dios tenga otros planes para ti. Quizás los que tuvo, los ha cambiado, porque muchos han decidido ir contra ti, y Dios prefiere tu vida que tu labor, porque mientras vivas puedes obrar, en lo que sea, amando a Dios sobre todas las cosas y personas. Ese es el triunfo, eso es lo contrario de ser un fracasado, ¡el ser de Dios siempre, te lleve donde te lleve, vayas donde vayas!

A veces los fracasados te llaman fracasado porque querían que tú no fueras como uno de ellos, sino que fueras distinto, ¡mejor!, pero si ellos no consiguieron alzarse hasta donde querían, ¿por qué esperan de ti algo mejor?; porque su esperanza está en ti, ellos, muchos, quieren triunfar con tu triunfo, porque se han propuesto que seas su punto de mira, pero si cada uno hiciera lo que tiene que hacer, que es observarse a sí mismo y mejorar siempre más y mejor, entonces no vería el fracaso de otros, ni los llamaría fracasados, sino que siempre estaría dispuesto a echarles una mano, la mano de la misericordia, la justicia y la caridad.

A ninguno que tenga éxito lo verás falto de eso, de misericordia, de justicia y de caridad, porque es contrario al fracaso, el ser bueno y mejor.

Y eso te deseo a ti, mi querido-a amigo-a.

Con afecto sincero

P. Jesús

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