Cartas del año 2.010

 

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95 Carta

Domingo, 16 de septiembre de 2.012

A ti, que estás desconsolado:

¡Un abrazo!, y mi bendición, para que te sientas amado por tus hermanos en la fe. Eres católico y estás solo; señal de que vives la verdadera fe, porque la fe es interior, es una condición individual, aunque muchos la compartan; por eso, a los buenos, a veces les toca vivir la soledad.

Parece que todo te ha ido mal, pero yo te aseguro que en 10 años te darás cuenta que lo que hoy crees una desgracia, ¡darás gracias a Dios! por ello, porque así tu vida da un rumbo distinto, así, por lo que vives hoy, mañana será tu dicha. No te lo crees, pero es así. Lo que ocurre es que sólo los buenos, los que son buenos de verdad, tienen experiencia de esto, y los buenos son humildes y no van contando su vida por ahí, a excepción de a los amigos. Si hubiere buenos novelistas, gente buena de verdad, que escribieran novelas en donde se viera que el mal de una temporada, pasada por el protagonista, y que este mal, con los desenlaces de la vida, resulta ser la dicha futura, la dicha plena y verdadera, más gente creería, más personas comprenderían lo que es la vida, y que el estar desconsolado es sinónimo de CAMBIO, porque todo cambio trae ese desconsuelo, porque dejas a las personas que amas y que no te aman, para unirte a otras nuevas circunstancias.

Serás un coloso, porque quien es capaz de no retroceder, que hacer daño, hacer mal a los demás o así mismo; pecar, es retroceder. Pues, el que no peca, AVANZA, y mientras avanza, sufre, es normal y natural, ¡no pasa nada!, así es siempre lo que sucede cuando uno crece espiritualmente.

Todo está controlado por Dios, TODO.

Tú confía, y entrega a Dios mismo tu dolor, este desconsuelo que me ha llevado a escribirte hoy. Y escucha bien lo que te digo: estas fiestas de Navidad, no vas a sufrir tanto como en las pasadas. ¿No es esto una alegría?, el porqué te lo diré precisamente por las mismas fiestas de Navidad. Tendrás que esperar para leerme, pero te digo, que vendrán acontecimientos insospechados que Dios te los dará por medio de la Divina Providencia, para que tu sientas que es verdad, QUE DIOS TE AMA.

Y con Dios, te Ama la Virgen María.

Anda, anda, no pongas esta cara, porque la vida te va a demostrar el poder de la Divinidad, Un sólo Dios, que es Amor.

Dios decidió darte la vida, y siendo fiel, vives la soledad, como Él, Jesús, Dios, la vivió también, porque es real, son ciertas sus Palabras, esas de que el siervo es igual a su Maestro.

Otro abrazo, ¡ya van dos!... Pues venga un tercero, porque siento yo por ti un cariño bien sincero.

Lucha y vencerás.

Confía y reirás.

Sé bueno, por tu libertad.

Me lees el domingo que viene, de nuevo juntos tú y yo, a través de la oración, que al leerme siempre diriges a Dios, porque eso quiero, quiero que al leerme, notes, sepas, tengas la certeza de que Dios te Ama, sea en primavera o en cualquier estación del año, porque Dios hace nuevas todas las cosas.

¡Viva los desengaños!, sí, ¡viva!, porque son las bases de una mejor vida, la que vas a vivir tú, antes de esos 10 años.

Enhorabuena, has ganado, ¡campeón!, porque has demostrado a Dios tu dolor y Él te llenará de alegría; ¡qué vida vas a vivir!, ¡¡¡Dios!!!, ni tú mismo te lo vas a creer cuando ocurra, y luego llorarás de agradecimiento a tu situación de hoy de desconsuelo.

Yo que entiendo de cómo va la vida, te lo digo, una vez más te lo repito: este desconsuelo de hoy, escucha bien, será tu alegría. ¡Lo sé!, ten fe. ¡Vive!

Y otro abrazo más. Este ya es el cuarto. Pues vayamos para el quinto, porque 5 son las llagas de Jesucristo, y cinco son los abrazos que te doy hoy, como sacerdote de Cristo, que todos los sacerdotes lo representan y lo presentan.

Acepta mi oración por ti: “Padre, dale salud, paz, amor y larga vida. Amén”.

Vaya, vaya, también quieres dinero; ¡pues eso también lo pido por ti!: “Padre dale trabajo, y por él, por su trabajo bien hecho, reciba dinero. Amén”

¿Estás contento-a?; me alegro. ¡Claro que me alegro!, porque ya de tantas semanas de escribirte, de pedir por ti al Padre, pues, sí, te quiero, te quiero bien, es decir, me preocupo por ti, para que no pierdas la fe, es más, para que la propagues. Amén.

Bueno, ahora sí que me despido por hoy, deseando que tengas un feliz domingo en oración.

Con afecto sincero

P. Jesús

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