Cartas del año 2.010

 

Indice cartas:

*Temàtico

* Cronológico

 

7 Carta

Domingo, 20 de junio de 2010

A ti que deseas morirte.

 Hija, hijo, bendito seas por siempre, te mando una sonrisa de este sacerdote que a veces ha estado muy cansado de la vida, sin desear jamás mi muerte, sino que como Jesús, Dios, que pasase de mí este cáliz.

 Acabo de leerte, me has escrito así:

 En 13.06.2010 17:33 escribió O. de México

Hace mucho que Dios me abandonó... sólo vivo por vivir y con una gran necesidad de vengarme por el gran dolor y rencor que tengo... ya me cansé de rezar, de ver que nada de lo que más deseo llega... y darme cuenta que cada día me cuesta más trabajo vivir... ¡odio la vida! Quisiera que Dios ya me llevara de este mundo.... En verdad, P. Jesús ¡ya me cansé de rezar y de vivir!

 ¡Ven a mis brazos! Hijo, hija, ¡ven! Que yo también a veces he pensado que Dios parecía que me abandonaba, porque me he sentido solo, sin una mano amiga, sin un rostro amado, y no era porque no los tuviera, sino que no estaban a mi lado, velando conmigo. Hay días, momentos, tiempos, que parece que todos están lejos, porque el dolor y la amargura aprietan el corazón y hacen añicos las ganas de vivir. Te lo digo: necesitas descansar más y mejor; me vives estresado, obsesionado en un punto determinado y te has olvidado de ver todo el paisaje de tu vida. ¡Debes de coger los pinceles y, armándote de valor, tienes que valorar la vida, que por algo te la dio Dios.

 Sigamos un rato más abrazados. Noto tu corazón vencido, te siento derrotado por la humillación que padeces, y no quiero que sientas eso, no quiero que estés tan triste, porque Dios venció a la muerte. ¡¡Vive!!

 ¿Sabes qué? Quiero decirte que Dios te ha llevado a mí para que te consuele, y lo estoy haciendo y lo estoy consiguiendo, te estoy amando en silencio, como tu hermano mayor, con la fe por la que vivo y por la que me dejaría matar algún día.

 Hijo, hija, sigamos aún así unidos en este abrazo de hermanos en Cristo, en esta unión que es la comunión de los santos. Tú vas a ser santa, vas a ser santo. ¡Claro que sí! ¿Quién lo impide? Nadie, nadie puede impedir tu fe.

 Acepta que estás muy triste y te sientes desamparado. Acepta que te estoy consolando, que sólo con mis palabras te basta para que desees volver a pintar tu cuadro.

 A mi me tendrás siempre, porque los sacerdotes estamos unidos a Dios; si no soy yo será otro que te de ánimos y esperanzas. Pero… ¿Por qué no vienes a Casa? ¿Por qué no vienes a la Iglesia? Allí está Dios mismo en persona y puede y quiere abrazarte cuando vayas a comulgar. ¡Pasa antes por el confesonario! Cuéntale al mismo Dios tus penas, tus deseos de morirte, tu falta de fe. De la misma manera que has tenido la valentía de escribirme a mí, vé, ¡ve a la Iglesia y confiésate! Vendrá Dios Espíritu Santo a consolarte, a darte todo el Amor de un Dios que Ama. Y, ¡ve a Jesús!, ve a comulgar y deja que te abrace Dios mismo, porque la fe es creer la verdad, que Dios Jesús vive, vive en la Eucaristía, que realmente cuando comulgas, lo recibes en Cuerpo y Alma, y por 10 -15 minutos, realmente Dios te abraza. Y ve cada día a dejarte abrazar por el mismo Dios en la Eucaristía. ¡No ves que necesitar amor! Hijo, hija, deja que sea Dios mismo quien te abrace. Dame un voto de confianza, cree en mí, cree en mí, que no te miento y que tanto te quiero y por eso me hice sacerdote, para darte el aliento de un sacerdote que cree y te lleva a la fe.

 ¡Ya basta de estar sola-o! ¡Ya basta de sufrir tanto! Y te diré más, a parte de yo, de Dios y la Virgen María, hay quien espera darte su amor, pero estás tan triste que no te has dado ni cuenta. ¡No pierdas la ocasión! Porque además también, hay otras personas que como tú, viven llenas de dolor, y quieren morir, porque no saben que existes, no saben que tú puedes comprenderlas y aceptarlas tal y como son, y empezar juntos una vida de relación de hermanos en la fe, todos imperfectos y llenos de necesidades de afecto. Cree, cree que Dios quiere que vayas a consolarlos, a aliviarlos, a darles tu ejemplo de fe, para que dejen de desear la muerte, para que dejen de morir y vivan para pintar de colores nuevos paisajes en sus corazones. Dáles tu fe, porque sólo la fe puede rescatarte de tus ganas de morir, sólo la fe que te pide: SÉ UTIL A LOS DEMÁS. Sírvelos con todo tu corazón. Mira lo que puedes hacer por otros, además de rezar por ellos, puedes darles tu afecto sincero, con tu educación al hablarles, con tu ternura al comprenderles. ¡Sí! Comprende también a esos que te han dañado y que se han portado tan mal contigo; comprende que NO SABEN LO QUE HACEN, porque viven en pecado. Tú ve a confesarte y sé su ejemplo. ¡Aunque te duela!, y doliéndote y todo perdónalos, porque van a morir, ya que nadie vive para siempre, así que tendrán que vérselas cara a cara con Dios, y Dios hará tu justicia, la de perdonarlos si tu los perdonas de todo corazón; ¡no quieras para ellos el Infierno Eterno! Perdónalos como Dios te perdona siempre. ¡Ve a confesarte! Y sal confortada, confortado, porque Dios te ama y hay un sacerdote, yo mismo, que rezo por ti mientras te estoy abrazando y consolando. Te quiero tanto.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

© copyright

Para quien quiera contestar a la carta, CLICAR AQUÍ,  aunque el P. Jesús no podrá responder a cada uno, sí que pedirá a Dios Padre, en nombre de Jesús por esta persona y sus intenciones. EXPLICACIÓN.


Carta anterior ................... Carta Siguiente