Cartas del año 2.010

 

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17 Carta

Domingo, 3 de octubre de 2.010

A ti, hijo, hija, te hablo sobre el trabajo:

El trabajo es tu bendición; un trabajo que te guste, que sea tu vocación, es doble bendición, pero puedes empezar con una bendición y, con el tiempo, pasar a tener el trabajo por vocación; pero trabaja y serás feliz, no  por el dinero que recibes por tu trabajo, sino por la satisfacción de dar.

Tú has nacido para dar, dar de ti lo mejor a la vida, porque tú le debes a la vida; en cambio la vida no te debe nada a ti. Le debes ser parte de la misma, le debes tener un lugar en la misma vida; ¡qué alegría vivir!

Cuando uno está sano de cuerpo y alma, quiere ser útil, quiere perfeccionarse en el servicio a los demás; esto es lo natural, lo sano. Todos los usureros, todos los que no quieren trabajar, estos no son sanos, estos están enfermos. Si no tienes ganas de trabajar, si te molesta que te pidan que hagas algo para los demás o para ti mismo, y te enfadas, porque quieres ser servido, entonces es que estás enfermo, o de cuerpo o de alma, porque lo natural y sano en la persona humana, es trabajar, sea cobrando o sin cobrar. Eso de ir de paseo, de estar observando lo que hacen los demás, y a veces aún criticándoles, esto es una muestra clara de enfermedad. Te lo digo en serio, hijo, hija. Y si te ocurre a ti esto, o tienes un hijo-a, o un familiar al que le ocurre esto, entonces es que tú o tu hijo-a, o este familiar, está enfermo; y no lo digo en mal plan, sino como alerta de que algo no funciona bien en ti o en esta persona. Lo más habitual que ocurre hoy en día, es la práctica en exceso de sexo, el tener la mente ocupada en este tema, y esto debilita en gran manera por los deseos ilícitos de sexo prohibido por la Ley de Dios; esto debilita las reacciones humanas, las hace más lentas y atormenta al alma el pecado. El cuerpo tiene un vínculo, una alianza con el alma; ya decían los antiguos: “cuerpo sano, mente sana”, pero un cuerpo sano no es un cuerpo 10, y gobernado por la gimnasia o el deporte, algunas personas, muchas, cuando dejan el deporte; empiezan a sentirse mal en distintas partes de su cuerpo, y a veces sin dejarlo; el deporte más sano es ocuparse de uno mismo, de su higiene y de limpiar lo que utiliza, caminar, correr; Dios no creó el cuerpo para ir en bicicleta, ni levantar pesas, esto no es lo natural en el hombre, en la persona, lo natural es caminar, correr, andar; caminar es ir despacio, correr es ir a velocidad, y andar es ir a paso ligero. ¿Es mala la gimnasia? No es natural, no son aptitudes naturales en el cuerpo físico del hombre. Si alguien quiere hacer gimnasia, ¿por qué no se va a casa de una persona anciana y necesitada, y le hace las faenas del hogar? Ese ejercicio es natural, e interviene el cuerpo y el alma, como ir a hacer recados para otros y andar. Todo ejercicio bueno tiene que ir acompañado de un porque humano, no solo el cuerpo por el cuerpo, sino que cuerpo y alma son un todo, siempre. El mejor ejercicio es el trabajo, trabajar, moverse, usar del cuerpo para un bien social como es el trabajo laboral.

Te deseo hijo-a, que sepas lo que quieres hacer para cumplir con tu deber en la vida, el de contribuir con un bien tuyo a todo el bien que recibes de los demás, porque para comer pan, antes alguien ha sembrado trigo… Debes devolver al mundo lo más y mejor, a parte de si vas a cobrar mucho o poco por este servicio, porque, cuando “paga Dios”, la paga recibida redunda en el alma y en el cuerpo.

Decide lo que te gusta, en lo que disfrutas más y es una actividad sana para ti y los demás, y pon tus deseos en oración a Dios y, mientras esperas la actitud benevolente de la Divina Providencia, haz algo bueno, algo necesario para ti, como es cubrir tus necesidades por el trabajo que realices y, que de momento, si no es el que te gusta, ¡házlo!, y que te guste hacerlo, porque tienes una deuda contraída, la de pagar tu sustento; debes ser libre, y parte de tu libertad es trabajar para cubrir tus necesidades y ayudar a los demás. Si no puedes de momento dedicarte al trabajo, a la labor de tus sueños, sigue rezando, sigue confiando en Dios y haciendo el bien siempre, y Dios te dará lo mejor. Dios prueba también con el trabajo, Dios prueba con toda tu vida, te prueba para saber si le amas, si le amas más que a todas las cosas, incluso más que este trabajo que deseas y aún no has logrado. Dios quiere saber todo de ti, es como el enamorado que vigila si la persona amada le es fiel ante la prueba. Y las desgracias de la vida son pruebas, como lo son “los goles de suerte”, como lo es la enfermedad o el quedarte sin trabajo, o el no poder acceder a ninguno de momento, o el que te despidan y estés en el paro, o sin trabajo ni ayuda económica. Dios permite; otros os han llevado a las crisis y Dios permite la libertad de todos para saber, y mientras no viene a socorrer, Dios permite. Si no obras bien, quizás Dios no vendrá a socorrerte jamás; obra bien para estar preparado-a, para vivir sin pecado mortal y poder acceder a la unión perfecta con Dios, que es la Eucaristía; y cuando estés en comunión con Dios, pídele ayuda en tu trabajo, en el trabajo de otros, en las relaciones de trabajo, en todas las pruebas de la vida; y da gracias a Dios de estar sano y poder trabajar y realizar una buena labor, que como tal, por la misma, también serás premiado-a con el Cielo Eterno.  

Hijo, hija, yo trabajo mucho; a veces, he quedado agotado de tánto como trabajo, y necesito descanso, y no hay nada como la oración seguida de un sueño reparador. La próxima semana te hablaré del descanso; mientras no llega el próximo domingo, te deseo una semana bendecida, y pido a Dios que te ayude en tu trabajo, y tú le ayudes a Él a que pueda premiarte, haciendo una buena labor; haz todo tu trabajo ofreciéndole a Dios el esfuerzo de hacerlo, y Dios, que es el mejor patrón, te dará su bendición y prosperarás en tu trabajo. De paso te doy mi bendición, y te deseo una brillante semana de trabajo agotador. ¡Trabaja hijo-a mío-a, trabaja!

Muchos problemas se solucionan con el trabajo, sobre todo los económicos, y también los de salud. Si estás triste: trabaja, ¡sé útil a los demás, cobrando o sin cobrar!; ¡Dios te lo va a pagar todo! Confía en Jesús; Él, Dios, trabajó, trabajó con vocación de ser Dios, y antes trabajó la madera. Acuérdate de Él, que siendo Dios, y el Rey del mundo, el Mesías, trabajó, y dura fue su labor y su trabajo; y también trabajó sin cobrar nada; y le pagaron crucificándolo, pero resucitó; así que si tu trabajo es duro y mal pagado, acuérdate de Dios, de Jesús, y siendo tú bueno, como Él lo fue, vas a resucitar como Él, como Dios, de los muertos, si tienes fe, si crees que Jesús es Dios, si crees que Dios nació de La Virgen María, a la que Dios Espíritu Santo cubrió con su sombra. Si crees, todo este trabajo tuyo, tan duro, te ayuda a ganarte el Cielo, si lo ofreces a Dios como obras de tu amor a Él. Y, trabaja bien, aunque no te guste tu trabajo, trabaja bien; amén.

Dios te bendiga en tu trabajo.

Un abrazo y un: “te quiero contento con tu trabajo bien hecho”. ¡Ánimo! Descansarás en la Eternidad Celestial.

 Con afecto sincero.

P. Jesús

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